Desigualdad, rebelión popular y violencia. Estos son algunos de los conceptos que se repiten en los ciudadanos chilenos ad portas del plebiscito del 25 de octubre. Pero, cómo llega Chile a este trascendental momento para el país. El estallido social del 18 de octubre de 2019, sin duda marcó un antes y un después para la toma de decisiones.

Con un año marcado por protestas contra el actual Gobierno, millones de chilenos y chilenas podrán este 25 de octubre, optar por una Nueva Constitución o no. La actual Constitución Nacional fue creada en 1980 durante la dictadura cívico militar que encabezó Augusto Pinochet.

Tras el estallido social, iniciado en octubre de 2019, miles de ciudadanos y ciudadanas, decidieron acompañar las manifestaciones contra la creciente desigualdad en el país, la falta de acceso a servicios básicos y el endeudamiento de las familias, la opción de un cambio constitucional. Lamentablemente, durante las protestas se han registrado centenares de muertos y heridos, así como miles de detenidos, violaciones a mujeres por el accionar de Carabineros y las fuerzas militares.

El Presidente de la República Sebastián Piñera, se ha referido a este conflicto como “en guerra”, lo que ha desatado la molestia de miles de personas no sólo en Chile, sino que en gran parte del mundo. El 15 de noviembre de 2019, en medio de una fuerte tensión política, el oficialismo y los espacios de oposición firmaron el ‘Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución’, que establecía las condiciones para dar pie al referéndum constitucional. Esto no pudo frenar la escalada de protestas ni la desmedida violencia con la que respondió La Moneda, cuya responsabilidad por los excesos ha sido denunciada por organismos de derechos humanos, tanto del ámbito local como internacional.

Cómo será la votación

Más de 14 millones de ciudadanos están habilitados para participar del plebiscito, aunque se espera una participación cercana al 60 % debido a la pandemia. Cumpliendo un estricto protocolo sanitario, los chilenos deberán responder, por medio del voto popular, si aprueban o rechazan la elaboración de una nueva Carta Magna. Además de la pregunta principal, los votantes decidirán qué órgano debería redactar la nueva Constitución, en caso de imponerse el sí. Esto habrá que hacerlo sin importar cuál sea la posición del elector respecto a la consulta anterior.

Hay dos alternativas posibles:

Por medio de una Convención constituyente, integrada por 155 ciudadanos especialmente elegidos para llevar adelante la tarea. La misma sería disuelta una vez desarrollada la nueva Constitución. Este mecanismo tiene mayor apoyo de la oposición, ya que se prevé que será más participativo.

Mediante una Convención mixta de 172 miembros, integrada en un 50 % por parlamentarios en actividad y otro 50 % por ciudadanos electos para este fin.

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