El Estrés en nuestros días

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En la actualidad, el estrés representa un verdadero trastorno dentro de la agitada vida en la que nos movemos. Sin embargo, sabemos cuáles son las más efectivas formas de lidiar con la tensión que genera esta enfermedad.

En 1930, Hans Selye, un veinteañero estudiante de medicina de los Estados Unidos, comenzó a observar que todos aquellos enfermos que él analizaba, independiente del mal que los aquejaba, presentaban una serie de síntomas similares: cansancio, pérdida del apetito y  baja de peso.

                Con el pasar de los años, Selye descubrió, lo que sería su investigación más famosa, el Estrés, la cual definió inicialmente, como una respuesta inespecífica a cualquier demanda a la que el cuerpo era sometido.

Es que el estrés mantiene un nivel tan alto de excitación en el sistema nervioso, que logra incluso generar un agotamiento físico y mental, desarrollando enfermedades como el asma, dolores de cabeza, y colon irritable, por mencionar algunos, mostrándose ante nosotros como una verdadera pesadilla emocional.

                Para la doctora Laura Moncada, Directora de la Clínica de Atención Psicológica de la Universidad de Chile,  la definición que plantea Selye está muy cerca de lo que también piensa. Ella señala que es una reacción psicológica que tiene implicancias físicas, “debido a una acumulación de tensiones en distintos ámbitos del funcionamiento humano”. Asimismo, sostiene como ejemplo, “que una enfermedad compleja o repentina, un duelo por un ser querido o incluso una quiebra económica, pueden resultar factores detonantes de mucho estrés”.

ES O NO ES

Para la masoterapeuta Claudia Martínez, el estrés es una reacción física y emocional ante un estimulo externo que genere peligro: “esta percepción de peligro hace que el sistema nervioso se prepare para la lucha o la huida. Sin embargo, hoy en día, ya no existen esas opciones, por lo tanto se perturba el equilibrio emocional y físico, ante estas condiciones de amenaza”, señala.

Laura Moncada va más allá, pues añade que esta enfermedad “puede hacer que las personas experimenten distintos síntomas físicos que los llevan a consultar a los médicos” y entre ellos destaca la cefalea, la taquicardia y las alzas de presión. Subraya también que no todas las situaciones son estresantes para todas las personas, ya que hay subjetividad en cuanto al origen del estrés, pues “no siempre lo produce un estimulo externo de peligro hacia la integridad de la persona”, y deja en claro que “tiene una raíz mental, que genera un desequilibrio emocional, y una inestabilidad física”.

 

LAS HERRAMIENTAS

Pero cómo hacerlo si todo el organismo se ve afectado por igual, desde la parte  emocional (como la angustia, irritabilidad y la preocupación), hasta lo físico como fatigas musculares, insomnio, angustia, ulceras, impotencia, deficiencia inmunológica, cáncer, entre otros.

                Para Sebastián Medeiros, Psiquiatra de la Universidad Católica, lo esencial, según lo explica en su blog, es enfrentar el tema y plantearse una serie de desafíos para mirar  la vida de manera más sana.

Paralelamente, Geraldine Granados, Psicóloga de la Universidad San Sebastián, alerta que  “el primer paso en la identificación y aplicación de soluciones que alivien el estrés excesivo, es realizar una evaluación personalizada que determine los estresares y niveles de estrés individuales, de forma cuantitativa y cualitativa”.

Continúa argumentando que “uno de los puntos de intervención más eficaces y directos para controlar el estrés es un cambio del estilo de vida basado en una alimentación correcta, ejercicio, relajación y respiración, que permita  a la persona informarse y conocer a cabalidad el estrés, sus causas, síntomas, mecanismos,  forma de expresión”, entre otras cosas.

Una realidad que nadie quiere, pero que está y en muchos casos parece no tener salida. Sin embargo, una persona estresada necesita en cualquier ámbito ser acogida y escuchada. Es así como recomiendan que se reordene y se tomen nuevas decisiones para tener una mirada nueva de una situación tan lamentable.

En definitiva, cuando se padece, nos vemos enfrentamos a una  especie de mochila cargada de emociones que no queremos llevar, lo que se traduce a modo de ejemplo, en que una persona puede tener exceso de trabajo y no sentirse estresada porque se siente capaz de afrontarlo, y otra persona puede tener menos trabajo pero estar estresada.

Entre los síntomas nos encontramos con dos básicos:

ý     Disminuye la atención y concentración.

ý     Aumenta la ansiedad y depresión.

Las relaciones interpersonales. Se potencia:

ý     Irritabilidad.

ý     Ira.

ý     Nerviosismo.

ý     El aspecto cognitivo. Algunos de los síntomas son:

ý     Disminuye la atención, memoria, concentración, etc.

ý     Se dificulta la toma de decisiones, la formulación de juicios de valor.

 

 

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