A veces no es fácil conectarse con la naturaleza. Nos pasamos el día bajo luces artificiales en una oficina y al salir estamos tan cansados que nos vamos derecho a casa, a pasar la noche entre paredes.

No extraña entonces que en boca de cada vez más gente esté un desorden muy neomilenario: el trastorno por déficit de naturaleza o TDN, una de las enfermedades «psicoterráticas y somaterráticas», según las bautizó el filósofo australiano Glenn Albrecht.

Aunque no es una condición médica reconocida, la preocupación por sus efectos sobre el bienestar ha estado en la mente de muchos desde principios de este milenio.

BBCMundo con más detalles.

Dejar respuesta