Estudios indican que en promedio una persona ve su celular unas 150 veces al día. Si llevamos este número a la cotidianeidad, son 10 ocasiones por hora.

La tecnología ha traído diferentes beneficios a la sociedad, pero también muchos problemas inesperados. Uno de ellos, la Nomofobia.

¿De qué se trata? Nomofobia es el miedo irracional a estar sin teléfono móvil. El término proviene del anglicismo “Nomophobia”, es decir No-Mobile-Phone-Phobia.

Cada día el teléfono móvil se convierte más en una proyección de las personas, en el sentido de ser una herramienta que utilizamos para distintas actividades: la comunicación mediante voz y escrita; con amigos, asuntos de trabajo y trámites personales.

El entretenimiento es otra de las áreas que el teléfono móvil satisface, ya que permite conexión a internet para acceder a juegos y a su vez, te deja escuchar música online y almacenada en el dispositivo. Retratar y grabar momentos, es posible con los nuevos teléfonos móviles.

Además el Smartphone, ayuda a buscar las mejores rutas para trasladarse de un sitio a otro, identificar la ubicación de personas y de algún lugar de interés.

“Considerando todo lo anterior, junto con otras características y funciones de los teléfonos móviles, no es extraño que cuando no se tiene por olvido o falta de energía, el usuario sienta algún nivel de incomodidad e incluso desesperación. Sin embargo, de estos sentimientos a una sensación enfermiza que puede incluir molestias físicas como ansiedad, taquicardia, dolores de cabeza y de estómago, existe una gran diferencia”, explica Juan Pablo Bustamante, gerente comercial de Mall Connection.

La Nomofobia es un problema socialmente hablando y podría convertirse en un inconveniente mayor, si no hacemos algo por controlarlo. Es importante aclarar que las tecnologías no son un problema, sin embargo, el uso patológico de éstas sí.

Estudios declaran que quienes presentan de forma más recurrente adicción son adolescentes y claramente, esto tiene mucho sentido si consideramos que son ellos quienes nacieron en torno al desarrollo de la telefonía celular y están más familiarizados con la tecnología.

“Los jóvenes y adolescentes de hoy han “aprendido” a comunicarse en forma remota, mediante los teléfonos móviles u otros dispositivos, muchas veces dejando de lado, la comunicación en forma presencial (cara a cara)”, agrega Bustamante.

Sondeos indican que en promedio una persona ve su teléfono celular unas 150 veces al día, pero si segmentamos por edad, podremos darnos cuenta de que ese número aumenta varias veces en personas más jóvenes.  Ahora bien, si llevamos esta cifra a la vida cotidiana, tenemos que una persona ve su teléfono casi 10 veces por hora (considerando 16 horas de actividad consciente y 8 horas de sueño). Podríamos decir que, la Nomofobia colabora directamente con la anti estimulación de habilidades blandas.

¿Cuándo fue la última vez que estuviste presente en una reunión que durara al menos una hora y durante ese período tu teléfono móvil estuvo apagado? Es necesario generar tiempos e instancias, que nos permitan desarrollar actividades donde no estemos “conectados”. La capacidad de autocontrol de cada uno es fundamental para lograr determinar hasta donde el uso del teléfono móvil, sirve  para facilitar o mejorar la vida; o pasa a ser un mal hábito que no permite a la persona relacionarse con su entorno de manera correcta y por ende, se distancia.

“En algunos lugares, es posible encontrar acciones que apuntan a generar momentos de desconexión, por ejemplo, existen restaurantes donde los teléfonos celulares no están permitidos y debes dejarlo en un locker habilitado. De manera que al estar en la mesa, nadie tenga su teléfono, generando una instancia de conversación”, explica el ejecutivo de Mall Connection.

A nivel familiar o doméstico, una ayuda puede ser el establecer un horario de convivencia y conversación familiar, donde cada integrante comente algún tema y cuente respecto a su día u otra cosa.

El simple hecho de generar instancias de desconexión, no es una solución por sí sola, lo importante de ese tiempo, es analizar la instancia: poder determinar y valorar las experiencias obtenidas durante ese lapsus, que seguramente, no se habrían producido con el teléfono móvil conectado.

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