La búsqueda de un lugar para comer después de haber bebido unas cuantas copas es una rutina que seguramente le resultará familiar a muchos.

Pero ahora sabemos por qué: según científicos británicos, el alcohol hace que el cerebro cambie y se ponga en «modo hambre» haciendo que aumente el apetito. En pruebas hechas con ratones, el alcohol activó las señales cerebrales que le indican al cuerpo que debe comer más. Y los investigadores creen que lo mismo ocurre con los humanos.

Eso explicaría por qué mucha gente dice que come más después de haber tomado unas copas. Se trata de una respuesta neuronal, según el equipo de investigadores del Instituto Francis Crick, cuyas conclusiones acaban de ser publicadas en la revista Nature Communications.

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