No se trata de una persona con una loca teoría conspirativa en su cabeza. Ni una situación tomada de una serie de ciencia ficción. El síndrome de Capgras es una realidad psicológica: ocurre cuando el individuo tiene la creencia delirante de que alguien, generalmente de su entorno familiar cercano o un amigo, ha sido reemplazado por un impostor o existen dos versiones de la misma persona.

Fuente: HolaDoctor

El trastorno puede manifestarse como alucinaciones después de haber tenido una lesión que genera una atrofia en el hemisferio cerebral derecho. Se presenta también en algunos pacientes con Alzheimer.

A diferencia de la mayoría de las afecciones psiquiátricas que se revelan con un conjunto de síntomas y conductas que alteran la vida diaria del paciente y su entorno, en el caso del síndrome de Capgras, la persona puede tener una vida normal, solo alterada cuando entra en contacto con el supuesto impostor o impostora.

Aunque el síndrome de Capgras, al que también se denomina síndrome del impostor, se definió por primera vez así casi 100 años, sigue siendo una afección muy extraña y poco conocida. Muy difícil de comprender no solo para la ciencia, sino para los seres queridos y para el supuesto «impostor». En muchos casos, estar cerca de esta «persona falsa» genera un estado de ansiedad y estrés extremo en el paciente con Capgras, que incluso puede obsesionarse con la persona que «suplantó» a la real. Es extremadamente disfuncional.

Y su principal síntoma es esa percepción equivocada del «impostor».

Hay varias condiciones médicas que explicarían el disparador del síndrome de Capgras. Entre ellas:

  • Haber sufrido lesiones cerebrales graves, que de hecho se presentan en un tercio de los pacientes con Capgras.
  • Una desconexión entre la parte que opera todo el sistema visual en el cerebro y la que procesa las caras familiares.
  • Tener un diagnóstico de demencia de Lewy o Alzheimer, afecciones que de por sí alteran la percepción de las personas, especialmente las cercanas.
  • Tener un diagnóstico de esquizofrenia o epilepsia.
  • Aunque usualmente esta afección de la glándula tiroides se vincula a la depresión, hay casos documentados de síndrome de Capgras.
  • El abuso de drogas también pueden desencadenar síntomas de Capgras.

Usualmente los casos de Capgras se vinculan a «impostores» adultos, pero hay trabajos científicos que han documentado casos de madres que han rechazado a sus niños menores asegurando que no eran sus verdaderos hijos.

Su descubrimiento

En 1923, el psiquiatra francés Joseph Capgras describió por primera vez al síndrome que lleva su nombre, en un trabajo en donde, junto con su colega Jean Reboul-Lachaux contó la experiencia con una mujer de 53 años a la que atendió.

La mujer tenía paranoia megalómana: creía que tenía linaje real y que su familia era su corte. Había perdido tres hijos, pero creía que habían sido secuestrados y que su única hija viva era una impostora.

Aunque no hay una cifra precisa de la tasa de incidencia del síndrome de Capgras, en un hospital psiquiátrico de Turquía se documentó una prevalencia de 1.3% del síndrome (1.8% en mujeres y 0.9%) en base a 920 hospitalizaciones en el transcurso de 5 años.

Diagnóstico

El diagnóstico del síndrome de Capgras combina exámenes físicos y psicológicos. El médico conversará con el paciente y con sus familiares, que son clave para detectar cambios en el discurso y en las conductas. También se realizará una tomografía computada para detectar lesiones cerebrales.

Tratamiento

Descubrir el problema subyacente relacionado el síndrome de Capgras es esencial: recibir tratamiento ayuda a controlarlo. También la terapia individual y familiar, en la cual los familiares se ponen en el lugar del paciente para entender lo que está viviendo. En el caso del paciente se busca proporcionarle una sensación de seguridad para que no se desencadena angustia, ansiedad y estrés en presencia del «impostor».

Los siguientes son medicamentos que también se utilizan para tratar y reducir los síntomas del síndrome de Capgras:

  • Donepezil, galantamina y rivastigmina, que son medicamentos para tratar la demencia.
  • Aripripazole, olanzapina y pimozida, que se utilizan para tratar la psicosis.
  • Doxepina, desvenlafaxina, lurasidona y trazodona, entre otros, que se usan para tratar la depresión.

Lo que los científicos ya saben que no funciona es tratar de convencer al paciente de que está equivocado. Algunos terapeutas tratan de que el paciente hable primero (sin verla) con la persona que considera impostora, para que reconozca la voz y el impacto visual sea menor.

Entre las recomendaciones para los familiares y amigos están:

  • Entender que el paciente no está inventando una situación que puede parecer realmente siniestra. Y que existe una razón químico-médica para que se manifieste el síndrome de Capgras.
  • Limitar, de ser posible, el contacto del paciente con el «impostor».
  • No discutir con la persona afectada y tratar de hacerla «entrar en razón». Se vivirá más angustia y sensación de fracaso.

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